Ella era la “amante” y la vida se encargó de darle esta dura lección…

La infidelidad en parejas es un tema bastante complejo, sobre todo cuando eres el tercero en discordia. Hay mujeres que aceptan este papel de ser la otra porque no se sienten merecedoras de algo mejor, no han trabajado en su estabilidad propia y se conforman con las migajas de amor que les da el otro… Aquí en Mundo Consejos hemos decidido publicar esta carta de Ana, una mujer que cuenta su dura experiencia al ser una amante y la reflexión que le dio la vida al respecto.

“Durante muchos años fui amante de un hombre, se llamaba José, su esposa se llamaba Carla, y Yo Ana… cada vez que nos encontrábamos le pedía a José que ya dejara a su esposa de una vez, ya que era hora que me convirtiera en una señora también… José siempre me decía que no podía dejarla aún porque con los hijos tenía dos (una niña de 7 años y un niño de 2 de años)… era imposible dejarla.

Siempre le preguntaba a José si aún amaba a su esposa, el respondía: desde que vinieron los niños ya nada es igual, ella se engordó, no se cuida, anda muy nerviosa, ya no hay amor entre los dos, casi no tenemos relaciones intimas, es muy cansador vivir en ese ambiente…

Cansada de sus excusas, decidí hacer algo al respecto, y me hice amiga de la esposa de mi amante, contacte con ella en un comercial, le saludé y admiré a sus niños, les invité a tomar helado y así iniciamos una amistad… a José no le gustó, pero no podía decir nada, es que yo era su amante… iba a ser espantoso que yo contara eso en su hogar, y dejarme a mí, tampoco le convenía.

De mi relación con José no me quejo, me llenó de regalos, me dio una tarjeta de crédito que la uso a mi antojo, paga mi departamento y me dijo que fin de año que regalaría un coche, pero, hay ocasiones que me siento sola y ya es hora de convertirme en “Señora”

Un día, Carla me invitó a cenar, era el cumpleaños de su hijo, era la primera vez que iba a pisar el hogar de mi amante, nerviosa pero curiosa acepté.

Mariflor Rivero

Líder y comelona.