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Padre pierde la cordura al ver a su pequeña hija

Los hechos ocurrieron en Perth una de las ciudades principales de Australia y de no haber estado una oficial de policía cerca, las consecuencias seguro serían mucho mas tristes y devastadoras. Sin embargo la ineptitud de un sistema judicial tan deficiente parece dejar este horrible y despiadado caso sin castigo.

Stephanie Bochorsky, desde muy pequeña sintió la vocación de ayudar a los demás, quería proteger a los débiles y desamparados, sentía rabia e impotencia cuando veía un acto de maldad o injusticia, odiaba que alguien con más poder o fuerza se aprovechara y lastimara a otro ser. Por eso cuando se hizo mayor no hubo grandes dudas respecto a la profesión que elegiría seguir. Tan pronto terminó sus estudios básicos se enlistó en la academia de policías.

Sabía que era un trabajo arriesgado, pero era la forma más efectiva que tenía para ayudar y proteger a las personas. Esta decisión salvaría de la muerte, pero no del atroz sufrimiento, a una familia en el futuro.

Ya era tarde cuando Stephanie llegó de cumplir su turno en la estación donde había sido asignada recientemente. Había sido un día largo y agotador y lo que más quería era ver televisión y relajarse por algunas horas antes de prepararse para un nuevo día. Había alistado su cena y se dirigía hacia su sofá, cuando empezó a escuchar unos aterradores gritos provenientes de una casa vecina. Su instinto protector y la noción del cumplimiento del deber la impulsaron a actuar inmediatamente, así no estuviera activa como oficial en ese momento.
Se vistió rápidamente y se dirigió a la casa de donde los gritos salían sin parar, golpeó la puerta de la vivienda repetidamente y luego de varios intentos, una mujer con cara de terror, abrió y se la quedó mirando fijamente.
Mostrando su placa, la oficial de policía le dijo a la horrorizada mujer que hacía unos minutos había escuchado unos fuertes gritos provenientes de esa casa y que quería cerciorarse de que todo estuviera bien y bajo control. La mujer como en medio de un trauma sólo le dijo las palabras más escalofriantes que la uniformada había escuchado hasta ese momento: “Le está prendiendo fuego a las niñas”.
Stephanie, se apresuró a entrar a la vivienda y vio cómo, Edward John Herbert, esposo de la mujer que había gritado pidiendo auxilio y abierto la puerta cuando la oficial llegó al lugar, le estaba prendiendo fuego a la cabecita de su hija de tres añitos de edad.

La pequeñita gritaba desesperada y el desgraciado sólo miro a la policía y le dijo: “lo hago porque es demasiado hermosa”. Esta rápidamente tomó una manta que había cerca y empezó a apagar el fuego de la cabeza y cara de la bebé con ella. Pero mientras la madre y la oficial auxiliaban a la pobre niña, que tenía fuertes quemaduras en un trece por ciento de su cuerpo, el tipo se dirigió hacia su otra hija, una niña de siete años que sufría autismo y que veía impávida cómo su propio padre prendía fuego a su hermanita menor, no parecía afectarle en lo más mínimo. El despiadado hombre comenzó a rociarle gasolina a su otra hija.

Para ese momento ya habían logrado apagar el fuego que quemaba a la menor de las niñas y la oficial, aprovechando un lapsus que el padre de las menores tuvo, se apresuró a sacar a la madre y a las niñas de la casa, se las llevó a su propia vivienda desde donde llamó a una ambulancia y pidió refuerzos de sus colegas.
Cuando ya Stephanie, la madre y las dos niñas se habían puesto bajo seguro, un vecino alertado por los gritos llegó al lugar con un extinguidor para apagar el fuego cuyo humo había llegado hasta su hogar.
Le preguntó al padre de las niñas qué pasaba y este le dijo que quería matarlas y prender fuego a toda la vivienda, luego se puso como loco y atacó al vecino con un cuchillo, este se defendió con el extinguidor pero en el momento en que la lucha se ponía de parte del abominable sujeto, los refuerzos de policía llegaron y lo detuvieron. Nadie más salió herido, excepto la pequeñita, que dolor!
Después de que la policía tomara el control total de la casa, encontraron escondido a otro niño, quien al parecer tenía la costumbre de ocultarse cuando su padre se alteraba, temía por su vida. Toda la familia está en tratamiento psicológico porque claramente la convivencia con el hombre los había afectado a muchos niveles. La pequeña quedó con terribles cicatrices producto de las quemaduras.
Durante las declaraciones iniciales, tomadas a los testigos Stephani, no pudo contener el llanto en varias ocasiones al recordar las escenas de espanto que había presenciado aquella noche mientras al infame padre atentaba contra sus hijas y esposa.

Posteriormente se supo por declaraciones de la madre que la pelea había iniciado cuando Edward John Herbert empezó a perseguir a su mujer por toda la casa con un cuchillo, diciendo que los iba a matar a todos y que luego haría explotar la casa para que pareciera un accidente producido por un escape de gas. La mujer también dijo que no paraba de repetir: “El hombre lobo viene a medianoche”.

Pero lo más injusto de todo este caso es que un juez dictaminó que Herbert padece varios trastornos mentales que sumados a su severa drogadicción, lo llevaron a actuar de manera descontrolada e irracional, pero que es un hombre enfermo incapaz de responder por sus acciones. Se espera que luego de este pronunciamiento el sujeto no sea procesado penalmente sino que vaya a una institución para enfermos mentales, donde le suministraran reposo y cuidados.
Es decir que después de destrozar la carita de su hija, no le va a pasar nada porque está loco! Obvio que está loco, de eso no cabe ni la menor duda, pero es inaudito que las personas se puedan excusar bajo esta condición para no responder por sus atroces actos. No estoy para nada de acuerdo con este tipo de medidas, no es justo con las víctimas, mucho menos con alguien tan inocente como una pequeña bebé.
Con información de: Mirror


Líder y comelona.