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Esto es lo que piensa un niño cuando es maltratado por sus propios padres… ¡Cruda realidad!

El maltrato infantil es una realidad cada vez más desgarradora. Es incalculable el número de criaturas en todo el mundo que sufren la violencia de primera mano: por sus propios progenitores.

El portal Estiloconsalud.com ha compartido esta historia, la cual invita a la reflexión de todo lo que puede pasar por la mente de un infante cuando está sometido al maltrato:

Mi nombre es Ivan, tengo 7 años y amo mucho a mis padres, pero siendo sincero, les tengo miedo. Todos los días me pegan, aunque trato de hacer todo lo que me piden. Esta mañana me levanté y fui a la escuela.

En realidad, me gusta mucho la escuela, mis profesores y compañeros me caen muy bien. Sin embargo, ninguno quiere ser mi amigo. Durante el recreo, me quedo en el salón dibujando, porque nadie quiere ser mi amigo.

Cuando intento hablar con ellos, dicen que soy un bicho raro y me empujan. También se burlan de mi por llevar puesta la misma ropa todos los días.

Un día que estaba nevando mucho, fui a los vestidores y vi una chaqueta tirada que parecía estar abandonada. Entonces la tomé y regresé caminando a la casa, pero me costaba avanzar con las fuertes brizas frías. De pronto, alguien apareció detrás de mí y me tiró al suelo, le presionó la cara en la nieve y me pateó. Él y otros me decían: “Eres un imbécil, nadie te quiere, Idiota”.

Tenía mucho frio, y estaba adolorido. Entonces lloré, no por estas cosas, sino porque no les caía bien a mis compañeros. Cuando llegué a casa, mi mama me vio todo mojado y me agarró por el pelo. Empezó a pelearme por haber llegado mojado. “¿Dónde estabas?, ¿por qué estas mojado? Pequeño idiota, ahora te iras a dormir sin cenar”. Así que me fui a la cama, con mucho frio y hambre.

En la escuela estaba teniendo muy malas calificaciones. Cuando se las mostraba a mis padres, ellos se enojaban mucho y me golpeaban. En una de las golpizas, uno de mis dedos se estropeo mucho y no pude seguir moviéndolo. Como mi dedo estaba tieso, mis compañeros se burlaban de mí.

Días después, mi corazón empezó a dolerme y se los dije a mis padres. Pero al parecer, a ellos no les importaba mucho. Cuando me fui a la cama, deseé con todas mis fuerzas que el corazón no me doliera para no molestar a mis padres. Los quiero demasiado y no quiero ponerlos bravo por mi enfermedad.

Dibujé a mi familia jugando conmigo

Al día siguiente, la profesora nos pidió a todos hacer un dibujo. Mis compañeros dibujaban cohetes, muñecos y naves espaciales. Pero yo dibujé a una familia jugando y divirtiéndose con su hijo. Entonces la profesora pidió que mostráramos nuestros dibujos. Todos los niños mostraban los suyos y se sentían muy bien. Pero cuando llegó mi turno, todos se burlaban de mí. Se reían porque había dibujado una familia.

Les decía que no se burlaran de mí, y levanté todavía más mi dibujo. Les dije que ellos tenían padres que los traían a la escuela y le daban un beso de despedida, pero los míos no hacen eso conmigo. Les expliqué que lo único que deseo es tener una familia feliz, pero ellos seguían burlándose. Entonces la profesora intentó calmarlos, mientras ocultaba sus lágrimas, pero ellos seguían riéndose.

Cierto día, obtuve unas notas muy malas en inglés y sabía que mis padres se enfadarían. No quería regresar a casa, pero como no tenía a donde ir, caminé despacito hasta la casa. Al llegar, mi madre vio las notas y se puso muy brava conmigo. Entonces me golpeo en la cara y me tiró al suelo, donde me golpee con una silla. Como estaba muy adolorido, no pude levantarme, pero mi madre se fue y me dejó tirado.

Mi padre me pega muy fuerte

Entonces regresó y dijo: “Levántate y recoge tus cosas, tu padre se las arreglará contigo cuando llegue”. Le pedí a mi madre que no le dijera nada a papá, pero era muy tarde, porque estaba llegando y escuchó todo. Ahora, entró a la casa y empezó a sacudirme, a golpearme en la cara y patearme en el suelo. Después de eso, no recuerdo nada, sino que desperté en un hospital. No podía mover ni un solo dedo, pero me asomé por la ventana y empecé a llorar.

¿Por qué empecé a llorar? Porque en el parque de al lado había niños jugando con sus padres. Los podía ver recibiendo un abrazo de su madre y divirtiéndose mucho. Pero yo no sé qué se siente tener padres que te quieran. No sé qué se siente recibir un abrazo de mi madre ni lo que es jugar con ellos en un parque. Aun así, los sigo queriendo y dando lo mejor de mí, pero para ellos no es suficiente y me siguen odiando.

Cierto día, se me cayó mi bebida por no poder agarrarla bien con mis dedos paralizados. A ellos eso les molestó mucho y me volvieron a pegar. Entonces me empezó a doler mucho el corazón y se lo dije a mi madre. “Mami, mami, mi corazón…” pero a ella no le importó.

Otra vez me ingresaron al hospital, pero mis padres no vinieron a visitarme. Los médicos me daban mucho ánimo y decían que regresarían en cualquier momento. Sin embargo, ellos nunca llegaron, aunque esperé y esperé, pero no volvieron. Me dolía mucho, porque yo los quiero mucho, pero ellos no a mí.

Una carta a medio escribir para sus padres

Lamentablemente, Ivan murió dos días después de ser ingresado al hospital por culpa de sus lesiones. En sus manos hallaron una carta a medio escribir que decía lo siguiente:

“Papi y mami, cuanto lamento haber nacido feo, tonto y torpe. Lamento todavía más decepcionarlos en todo lo que hago y eso me entristece mucho. Lo único que quería era un abrazo y un beso de buenas noches; que me dijeran ‘te amo’. Aunque hice todo lo posible por ser su orgullo, nunca fui más que su vergüenza. Nunca podré…” Al parecer, en esta parte de su carta, su corazón dejó de latir.

Tal vez esta historia nunca ocurrió en realidad, pero su mensaje es claro. Nos hace ver todo el amor que podemos hallar en el corazón de un niño. Pero más que eso, nos muestra que ellos lo único que quieren es ser amados.

Esta historia también muestra que la sociedad debe tomar cartas en el asunto, para proteger a niños en esta situación. En muchos lugares, cientos de niños son maltratados por sus padres cada día. Pero ellos simplemente necesitan un beso y un abrazo, un tierno cariño.

Por eso, si tenemos hijos, no dejemos que los quehaceres nos roben hacer estas cosas con ellos. Cuidemos a nuestros pequeños y démosle mucho amor.

Con información de: Mundo Consejos


Líder y comelona.