Search

Mientras limpiaba el baño encontró una cosa de su esposo que la dejó destrozada

Este es un verdadero significado de  pasar la vida junto a otra persona.

Las relaciones humanas se constituyen en el elemento de la vida más complejo, profundo, trágico y a la vez maravilloso. Si uno se sienta un momento a reflexionar sobre aquellas cosas, mejor, situaciones, que lo han hecho llorar, reír, emocionarse, sentir miedo, felicidad, frustración… encontramos que siempre están ligadas a otro ser humano. Desde la negación de un asenso por un jefe injusto o un compañero mal intencionado hasta la sensación indescriptible del enamoramiento, todo tiene que ver con otra persona.

Por ello las relaciones con los demás son los cinceles que marcan y le dan forma a nuestra vida. Pues bien, siguiendo esa línea, es muy posible que las relaciones humanas que más injerencia tengan en la vida de alguien sea las que se tienen con los padres y con la pareja. 

Es cierto que hay matrimonios que acaban rápidamente, pero también están los que duran toda una vida, estos sin duda transforman a ambas personas al punto en el que se hace difícil verlos de un manera distinta a una sola entidad y a ellos mismo les es casi imposible ver el mundo desde una óptica en la que no esté su pareja implicada.

Por ello, vamos a mostrar una historia con la que más de uno se sentirá identificado y les llevará a la reflexión: 

Julia y su esposo representan justo eso, un amor de toda una vida, un amor que se tiene que enfrentar a las trampas, crueldades y vicisitudes del destino, recorriendo paso a paso el camino en un intento de salir invictos de todo ello. Son una pareja, un par de nombres, dos rostros que más allá de sus identidades representan la historia de muchos que han pasado o incluso están pasando ahora por situaciones similares.

Su historia comienza un día, como cualquier otro, en el que ella se despertó y no encontró a su esposo al lado suyo, durmiendo en la cama.

Intuía a qué se debía, llevaban años estando juntos pero irremediablemente separados por una enfermedad que los llevaba a lugares donde uno jamás podría alcanzar al otro, salvo por pequeños instantes, fragmentos inconexos, en que parecían compartir de nuevo la misma dimensión y se reencontraban para decirse cuanto se amaban y darse las gracias mutuamente por haber compartido una vida juntos. Lamentablemente esos momentos eran cada vez más escasos.

Ambos ya tenían una edad muy avanzada y empezaban a coleccionar enfermedades y males, pero el esposo de Julia desde hacía años había sido diagnosticado con Alzheimer y su situación empeoraba rápidamente.

Esa mañana en que ella despertó y no lo encontró a su lado se levantó y se dispuso a hacer la limpieza sabiendo que su anciano esposo estaría perdido en su mente de nuevo, vagando por la planta baja de la casa. Pero, al entrar al baño encontró esta nostálgica, poética, triste, conmovedora y hermosa carta.

  

Querida Julia:

Te escribo ahora, mientras duermes, por si mañana ya no fuera yo el que amanece a tu lado. En estos viajes de ida y vuelta cada vez paso más tiempo al otro lado y en uno de ellos, ¿Quién sabe?, temo que ya no habrá regreso.

Por si mañana ya no soy capaz de entender esto que me ocurre. Por si mañana ya no puedo decirte cómo admiro y valoro tu entereza, este empeño tuyo por estar a mi lado, tratando de hacerme feliz a pesar de todo, como siempre.

Por si mañana ya no fuera consciente de lo que haces. Cuando colocas papelitos en cada puerta para que no confunda la cocina con el baño; cuando consigues que acabemos riéndonos después de ponerme los zapatos sin calcetines; cuando te empeñas en mantener viva la conversación aunque yo me pierda en cada frase; cuando te acercas disimuladamente y me susurras al oído el nombre de uno de nuestros nietos; cuando respondes con ternura a estos arranques míos de ira que me asaltan, como si algo en mi interior se rebelase contra este destino que me atrapa.

Por esas y por tantas cosas. Por si mañana no recuerdo tu nombre, o el mío.

Por si mañana ya no pudiera darte las gracias. Por si mañana, Julia, no fuera capaz de decirte, aunque sea una última vez, que te quiero.

Tuyo siempre.

T.A.M.R.


Líder y comelona.