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¿Tu hijo no te hace caso? Expertos anuncian 6 de las razones por las que tu hijo no te escucha…

¿Sientes que tus hijos te ignoran? Para enseñarles a escuchar desde la primera vez, debes ayudarles a cultivar el hábito de prestar atención a lo que dices. Sin embargo, para poder desarrollar esta costumbre es necesario que le des importancia a cómo hablas con ellos.

¿Por qué? Básicamente, si tiendes a pedir las cosas una y otra vez, para finalmente renunciar, hacerlo tú mismo o gritarles, les estás indicando involuntariamente que te pueden ignorar hasta que desistas u optes por hacer las cosas por tu cuenta. Sin embargo, gritar no consigue atraer la atención de los niños, sino que es problemático debido a que contribuye a crear un patrón disfuncional en la comunicación.

Las numerosas investigaciones también han demostrado que gritar puede tener efectos nocivos en los niños, comparable al mismo castigo físico. Los niños cuyos padres son agresivos verbalmente también muestran una menor autoestima, mayor agresividad y aumento en las tasas de depresión. Resulta muy importante desarrollar las mejores formas de comunicación y conexión con nuestros hijos, siendo así tan buenos charlatanes como oyentes.

1. ¿Te escuchan?

En primer lugar, es bastante importante que te asegures de que tus hijos te pueden escuchar o te oyen cuando les pides que hagan o no algo. Ten en cuenta que gritar a través de toda la casa o desde el otro extremo de las escaleras, no cuenta. Para los niños pequeños, arrodillarse frente a ellos y establecer contacto visual mientras le dices algo puede resultar recomendable. Un toque amistoso en el brazo, o alguna otra conexión física positiva también es muy útil. Con respecto a los niños mayores, asegúrate de que te miran a la cara cuando les hablas para saber que te han escuchado

2. Quizás no te ignoran a propósito…

Los niños pequeños (sobre todo los menores de 14 años) se distraen con facilidad y a menudo no notan lo que está sucediendo a su alrededor. Las investigaciones han demostrado que los niños que participan en una actividad, como jugar, a menudo no registran otros aspectos de su entorno, es decir, carecen de lo que se llama “conciencia periférica”. De este modo, pueden no escuchar a un padre que está a su lado hablando con ellos, incluso cuando parece imposible no enterarse. Así que ofréceles a tus hijos el beneficio de la duda cuando parezca que no te hacen caso.

3. Una razón nunca viene mal

De vez en cuando, decirles por qué le has pedido algo es una buena forma de que lo hagan. Esto ayuda a los niños a ver tu razonamiento y les muestra que no estás siendo arbitrario. (Nota: “Porque lo digo yo” no es una razón, y puede conducir a otras discusiones). Ayuda a los niños a entender las reglas o peticiones que pueden parecer arbitrarias para ellos y, cuando sea relevante, muéstrales el impacto de su comportamiento en los demás. Este paso no garantizará el cumplimiento inmediato de tus peticiones, pero enseñará a tus hijos que son razonables y modelará la importancia de utilizar buenas razones para motivar su conducta. Por ejemplo: “Por favor, ve a ponerte los zapatos ahora. Tenemos que irnos en un minuto o llegaremos tarde”.

4. Deja que las cosas sigan su curso, si es posible

Las consecuencias naturales son las que ocurren sin que los padres tengan que hacer nada, como mojarse los pies por llevar chanclas en lugar de botas de lluvia, o no tener su ropa lavada por haberla dejado en el suelo de su dormitorio. A menudo, esto resulta una buena enseñanza, excepto cuando pueden crear un riesgo para la salud o seguridad. Dicho esto, mucha veces la situación en que nos encontramos con nuestros hijos no supone ninguna consecuencia natural y, por lo tanto, nos obliga a intervenir y hacer algo, como cuando comienza a patear el asiento en un autobús, o habla de manera irrespetuosa.

5. Adviértele de las consecuencias

Las advertencias justas son críticas porque si los niños saben de antemano cuáles serán las consecuencias por romper una regla o ignorar una petición, entonces harán una elección sobre su comportamiento: si la cumplen, o la evitan y sufren las consecuencias. No hay sorpresas. Después de haber repetido algo y haberle dado el razonamiento y advertencias justas, dale a los niños la oportunidad de responder. Si no hacen lo que has pedido, y era algo razonable, el siguiente paso es acudir a las repercusiones previstas. Este último paso, si es necesario, es esencial, ya que mostrará a tus hijos que te has puesto serio. La consistencia es la clave.

6. No grites ni uses palabras malsonantes

Sabemos a que a menudo es complicado mantener la calma, pero es muy relevante intentar aguantar los gritos a la hora de discutir con tus hijos. Un estudio que involucró a más de 900 familias, publicado en la revista “Child Development”, demostró que la disciplina verbal exagerada por parte de los progenitores conlleva un impacto seriamente negativo en los niños. Esto tiene lugar cuando los padres llegan a causar algún tipo de dolor emocional o psicológico, hiriendo los sentimientos de sus hijos al controlar un comportamiento. Intenta evitar los gritos y humillar, así como usar malas palabras.

Con información de: paraloscuriosos.com


Líder y comelona.