Escucha… sin enterrumpir
Habla… sin acusar
Da… sin escatimar
Ora… sin cesar
Contesta… sin discutir
Comparte… sin presumir
Disfruta… sin quejarte
Confía… sin titubear
Perdona… sin castigar
Promete… sin olvidar
Escucha… sin enterrumpir
Habla… sin acusar
Da… sin escatimar
Ora… sin cesar
Contesta… sin discutir
Comparte… sin presumir
Disfruta… sin quejarte
Confía… sin titubear
Perdona… sin castigar
Promete… sin olvidar
Mensaje por el gran Benedetti. Muy oportuno cuando se tiene un amor a distancia (o incluso una pareja que viaja mucho, por cuestiones de trabajo o cualquier otra cosa, que es muy común estos tiempos). Mientras los corazones estén juntos, la distancia es sólo una palabra… mientras exista ese sentido de pertenencia con la pareja, ese amor bonito y ese compromiso hacia la otra persona, nunca estarán lejos.
Cuando te enamoras ya no quieres conocer a nadie más (en el sentido de pareja, claro está… no es que no vas a conocer a ninguna otra persona en el mundo, ni nuevas amistades ni nada)… esto hay que tenerlo claro, y no caer en la situación enfermiza de “sólo existo para mi pareja” y alejarse de todas las personas… amemos con los ojos abiertos, con libertad, sin tratar de poseer a nuestra pareja, ése es el amor sano.
Vivir para amar y amar para vivir… y es que sin amor, estamos perdidos. Somos seres que necesitamos amar, está en nuestros genes querer, ¿por qué empeñarnos en la tristeza?, vamos a amar sin más, sin preguntas, sin cuestionamientos, sólo amar por el hecho de que eso nos hace feliz, nos hace sentir vivos.
El amor, aunque en las películas muchas veces les gusta colocarlo como “perfecto”, rara vez es de esa forma en la vida real (al menos no después de la etapa de enamoramiento, donde empezamos a ver las “cosas malas” del otro). El amor, más que perfecto, debe ser sincero, debe ser real, no un engaño, no “pretender” ser los mejores, no pretender no discutir o no ver algunas actitudes que no te gustan de la otra persona… de eso no se trata el amor.